CARTA ABIERTA DE HERNANDO DE SOTO A PEDRO CASTILLO

Alternativas para acabar con la desigualdad sin una Asamblea Constituyente

Lima, 16 de julio de 2021

Estimado Pedro,

En nuestra reunión el 28 de abril en el pueblo de Máncora, le dije que si fuera elegido presidente y no deslindaba del marxismo leninismo ni renunciaba a la constituyente se iban a producir dos situaciones, una en el ámbito nacional y otra en el internacional.

En el ámbito nacional

En lo económico, se generaría una nueva ola recesiva marcada por el incremento de los índices de pobreza, la fuga de capitales y ahorros internos, el alza del dólar, el aumento de precios incluidos los alimentos más importantes.

En lo político, la confrontación entre los electores de ambas partes sería cada vez más violenta y no cesaría hasta que los contrincantes se den cuenta de que la razón por la cual ninguna de las partes puede ceder es porque el costo de convocar una constituyente en los términos de Perú Libre es altísimo.

Para los votantes de la derecha, una Asamblea Constituyente es un caballo de Troya lleno de políticos izquierdistas quienes gradualmente diseñarán nuevas armas legales para despojarlos de sus propiedades y capital, renegociar o anular los contratos privados y estatizar o nacionalizar arbitrariamente. Y por eso van a batallar hasta las últimas consecuencias.

Para los votantes de izquierda, el problema principal del Perú es la desigualdad y, debido al deterioro de su situación económica, están desesperados.  Lo que ven en el programa del contrario es una restauración del statu quo, pero no una salida de su pobreza. Desde el inicio de la pandemia, debido a una política de restricciones y confinamientos mal concebidos, se ha devastado la economía informal de la cual vive el 80% de ellos, colapsando la mitad de sus empresas y obligando a millones de informales a buscar recursos infructuosamente. Por ello, como advierte Guy Ryder, jefe de la Organización Internacional del Trabajo, estos ya han agotado la mayor parte de sus ahorros e ingresos y, en poco tiempo, “simplemente perecerán” por descapitalización.

En el ámbito internacional

Si usted ganara las elecciones y lo siguen identificando como un marxista-leninista que propone un cambio radical de la Constitución, yo le anticipé que no era improbable que se active de una forma u otra el principio de la llamada responsabilidad de proteger.  Este sería el caso si la comunidad internacional creyera que su constituyente es lo que típicamente utiliza el marxismo-leninismo cuando quiere dominar un país en el cual su grupo local no tiene mayoría (una especie de caballo de Troya que Lenin describia como “la captura de las alturas dominantes del poder”).  En este caso no sería imposible que la constituyente sea considerada una guerra por delegación con el objetivo de transformar al Perú en una cabecera de playa del marxismo leninismo en Sudamérica.

Sin embargo, cuando en Máncora usted anunció “hemos tenido una reunión con Hernando de Soto y le hemos aclarado que no somos comunistas”, fue un paso importante en la buena dirección.

Pero hoy es claro que decir que uno no es comunista ya no es suficiente, la única forma en que usted puede probarlo es dejando de lado la convocatoria a la constituyente, que en las manos de una organización autodenominada marxista-leninista es una propuesta típica del comunismo.

Esto es urgente porque el tema de la constituyente combinada con la recesión, la fuga de capitales que no cesa y los discursos deseándole la muerte a los rivales, se está convirtiendo en un caldo de cultivo para caudillos de izquierda o de derecha.

Además, le aseguro que después de que el público se entere del resultado de las investigaciones que se describen en las páginas siguientes, quedará probado que para desarrollar los programas de Perú Libre no es necesaria la constituyente porque todas las normas y convenios que necesita ya se encuentran en el ordenamiento legal.  A continuación una síntesis de dichas pruebas:

Las pruebas de que una nueva constitución es innecesaria

Son el resultado de un estudio minucioso de su ideario y sus programas que nos ha permitido sintetizarlos en 30 metas. A partir de estas, hemos identificado los cuatro objetivos estratégicos requeridos para alcanzarlas, ninguno de los cuales requiere un cambio constitucional.

Primera prueba

No hace falta una constituyente porque la mayor parte de normas y mecanismos administrativos que necesitan sus reformas ya existen y se originan en dos convenciones internacionales.  Estas son la Globalización Justa y el Convenio 169, suscritas por el Perú y confirmadas en cientos de tratados bilaterales también aprobados por el Perú cuyo objetivo es luchar contra las “injusticias de la globalización” y las “desigualdades de la pobreza”. Han sido plasmadas en 1,459 normas peruanas. De ellas, cinco derivan del Tribunal Constitucional, diez de la Corte Suprema, 594 son leyes del Congreso, y 850 son decretos, resoluciones ministeriales y actos administrativos del Poder Ejecutivo.

Segunda prueba

No hace falta una constituyente porque casi todas las normas y registros que son necesarios para erradicar la informalidad e ilegalidad en el Perú ya existen y tienen vigencia en todo el país en el que se las denomina normas de “derecho imperfecto”.

Están contenidos en 6 grupos de registros del Perú profundo, rural y urbano, y son los siguientes:

  • 6 confederaciones gremiales y 50 cámaras de comercio;
  • 195 organizaciones locales que controlan la superficie;
  • 6 mil jueces de paz, que convalidan la autoridad de organizaciones locales;
  • 11 mil 500 registros de organizaciones locales;
  • 14 federaciones de autoridades que controlan derechos superficiales;
  • 4 mil prefecturas y subprefecturas que protegen la autoridad de registros locales.

Tercera prueba

No hace falta una constituyente porque las normas que benefician a los comités de autodefensa, ronderos y ciudadanos en zonas de desarrollo alternativo ya existen y están internacionalmente aceptadas. 

A través de tratados e intercambios oficiales, el gobierno del Perú logró hace décadas el reconocimiento de nuestros Comités de Autodefensa y de los ronderos del Perú, así como de organizaciones locales en zonas de desarrollo alternativo, de manera que pudieran ser entendidos y categorizados por la comunidad internacional como entidades distintas de las organizaciones o cárteles del narcotráfico.

Cuarta prueba

No hace falta una constituyente porque los derechos derivados de los Tratados de Libre Comercio, también llamados “TLCs hacia adentro”, se desbloquean fácilmente sin tener que volver a redactar la constitución.

Son los tres dispositivos creados en el Perú y aceptados por la contraparte en el marco de los Tratados de Libre Comercio (TLC) con países desarrollados. Permiten que las clases excluidas de la formalidad en nuestro país se organicen productivamente y tengan la posibilidad de acceder a mercados ampliados nacionales o extranjeros.

Quinta prueba

No hace falta una constituyente porque los nueve paquetes de normas ya permiten que los activos y el trabajo de los pobres puedan ser industrializados y exportados y sus empresas ser financiadas en mercados de capital.

Sexta prueba

No hace falta una constituyente porque las normas antimonopolio están ya en la Constitución o la legislación, o el Perú puede acudir a estas a través de convenios multilaterales que regulan los casos denominados de proveedor único

Para concluir, estimado Pedro, las 30 metas de su programa de gobierno y los cuatro procesos estratégicos que se necesitan para implementarlas no requieren salir del marco de la constitución actual.

Por eso es importante que, en un segundo paso generoso a favor de la paz, usted siga distanciándose del comunismo internacional y anuncie ahora, además, que no va a convocar una asamblea constituyente sin consenso y violando las normas existentes.

Atentamente,

Hernando de Soto

July 15, 2021